Aporte de la Ciencia a la afirmación del carácter personal del embrión

De Seminario Gerardo González

vida

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Catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra


Tabla de contenidos

[editar] El origen de cada ser humano, más allá de su comienzo

La cultura del hombre “autónomo” –el hombre que no acepta deberle a alguien su existencia – ha creado un nuevo lenguaje, especialmente para hablar de su origen. En ese nuevo lenguaje al término “procreación” le sustituye el de “reproducción” para describir la transmisión de la vida humana. Ciertamente, cada persona, que evidentemente es engendrada por sus padres y aparece en un momento singular y concreto de comienzo, es al mismo tiempo creada por parte de Dios. Esto es, tiene un origen más allá de su comienzo. Sin embargo, tras el uso de cada uno de estos términos resuena una concepción del hombre diferente y un modo distinto de entender el mundo natural. La cuestión del origen de cada hombre se plantea con tintes polémicos por el hecho de que la operatividad más específicamente humana requiere un largo periodo de tiempo de maduración del cerebro, incluso después del nacimiento.

Tres postura intelectuales, irreconciliables entre sí, se presentan en la cultura actual. Por una parte, los que plantean que el hombre “no es más que... un saco de neuronas”. No aceptan una intervención de Dios, que crea a cada hombre otorgando el ser personal a cada cigoto humano que se constituye desde el material genético de sus progenitores. Hablan de “emergencia” en el sentido de que el plus de realidad que manifiesta la persona humana necesariamente tiene que emerger de la configuración de los materiales que portan la información genética. En ese caso, la apertura personal, el psiquismo humano, la vida espiritual, el mundo del espíritu que de hecho se da en los seres humanos, no tiene explicación. Más aún, reducido el hombre a su biología, se convierte en valor relativo a su “calidad biológica” y a su capacidad de autonomía. El embrión humano no poseería, por tanto, el carácter propio e intrínseco de los miembros de nuestra especie. El carácter personal sería algo que le reconocen los demás en determinadas condiciones de desarrollo, capacidad de razonar, etc.

Por otra parte, algunos reconocen que cada hombre es llamado a la existencia por Dios, pero no que el carácter personal sea un don de Dios a cada uno de los hombres intrínseco y originante, que acontece en su misma constitución como viviente. Por el contrario, se trataría de algo que sobreviene en la medida en que la vida biológica tiene calidad suficiente para llegar a poder ejercer una autonomía personal, o dar muestras de que puede. El embrión humano no tendría por tanto carácter personal “al menos hasta que...”.

Desde esta perspectiva el proceso constituyente ocurre a lo largo de su desarrollo, en un periodo de tiempo (periodo constituyente a persona) indefinible pero necesario para que adquiera la suficiente realidad para poder reconocer en él lo específicamente humano. Por ello, desde esta perspectiva, se presenta la necesidad de una ponderación del valor de la vida humana naciente frente a otros valores en juego. También reducen el origen de cada hombre en el Amor de Dios, que le llama a la existencia en el engendrar de sus padres, a un mero comienzo y desarrollo de la vida recibida de los progenitores. Lo propiamente humano no ligaría intrínsecamente origen con inicio en la creación de cada uno. Entre la unión corporal de los padres y la concepción de la persona hijo habría un periodo no significativo humanamente. La raíz de esta postura es el disenso de la doctrina de las encíclicas Humanae vitae y Donum vitae: si el origen en Dios de cada hombre es separable en el tiempo del comienzo de la vida biológica, la transmisión de la vida humana no es sacra, no es una capacidad humana, sino un proceso biológico, manipulable. Así, el hecho biológico necesario –el inicio de un nuevo individuo de la especie humana- sería diferente del desarrollo temporal suficiente para alcanzar el carácter de persona.

Por último, con frecuencia se da también una postura intelectual que otorga una excesiva importancia a poder detectar el memento preciso del comienzo de la vida. En cierta medida, también se identifica el origen (como fuente y raíz) de la persona humana con el comienzo de la vida. Se centra la argumentación exclusivamente en la descripción de los procesos necesarios para la reunión del material genético en la fecundación de los gametos. Esto es, este modo de explicación, con claros tintes deterministas, recae sobre el hecho empíricamente verificable de que “hay un nuevo genoma suma del aporte paterno y materno”; y entienden que es necesario para definir el comienzo de la nueva vida detectar cuál es ese instante en que se reúnen las dotaciones genéticas aportadas por los padres. Desde esta postura, se diluye, o no se atiende suficientemente al significado natural del hecho biológico de la fecundación: aparece un nuevo ser con un fenotipo propio de organismo o cuerpo. Un genoma humano, o de cualquier otra especie, sólo describe al sujeto o individuo concreto, pero no es el sujeto. La dimensión corporal es elemento constitutivo de la personalidad humana y signo de la presencia de la persona La persona humana no puede ser identificada con la estructura biológica ya que el origen de cada persona no se reduce al mero comienzo de la vida en su dimensión biológica. Es preciso mostrar qué es un cuerpo humano y mostrar que todo cuerpo humano tiene carácter personal. Afirmar el carácter personal del embrión requiere un tercer razonamiento acerca de su desarrollo, ya que lo decisivo no es que que tenga lugar una continuidad desde el inicio a las etapas embrionarias y fetales y nacimiento, sino que esa continuidad suponga continuidad personal. El momento fronterizo del proceso de la fecundación es importante, pero no es el único. Toda la vida del hombre es espacio para responder personal e insustituiblemente a la llamada que le puso en la existencia. Lo que constituye a cada persona es su apertura relacional. La raíz última es la llamada de Dios a la vida en realción con Él y los demás.

La palabra de la ciencia aporta un conocimiento directo e indiscutible acerca del comienzo de la vida de cada individuo. Y un conocimiento, podríamos decir indirecto, del origen de cada ser humano. Se trata, por tanto, de rastrear desde la ciencia el significado de la vida humana, del hecho biológico del peculiar cuerpo humano. En efecto, la estructura biológica de cada uno, el cuerpo humano tiene un “titular”; el cuerpo humano en cualquiera de sus fases de desarrollo, madurez, envejecimiento, etc., es signo de la presencia de la persona titular de ese cuerpo.

La Biología humana, no limitada a mera Zoología, aporta los signos visibles, verificables, respecto a la biología del cuerpo humano:

a) En qué estado del proceso vital de transmisión de la vida se puede afirmar que estamos en presencia de un cuerpo humano. Muestra, sin lugar a duda, que el embrión humano desde su estado inicial de cigoto es un cuerpo humano, un individuo de la especie humana, como es organismo individual todo cigoto de cualquier otra especie no humana. b) Qué hace humano el cuerpo humano.

La biología humana, al describir espléndidamente los presupuestos biológicos del don de la libertad personal, muestra que cada ser humano no está sumergido en los procesos naturales de la fisiología. Con independencia de las creencias religiosas, la biología humana, como ciencia, reconoce la presencia en los individuos de la especie Homo sapiens de un dinamismo vital abierto, liberador del automatismo de los procesos biológicos, propio de los individuos de la especie. Pone así de manifiesto la presencia de una potencia real, distinta de la fuerza de la vida, involucrada en el origen de cada ser humano. En la vida única de cada hombre se da necesariamente un entrelazamiento entre la dimensión personal y la dimensión biológica. Ese entrelazamiento no se puede deshacer: todo cuerpo humano tiene un carácter personal. Existe un único sujeto personal en estos dos dinamismos.

[editar] La dinámica de la vida

Con el inicio de un viviente en la fecundación de los gametos de sus progenitores queda constituido el organismo en su fase de una célula, denominado cigoto. En perfecta continuidad con tal proceso se inicia su desarrollo o construcción de las diversas partes órganos, tejidos, etc. Ambos procesos temporales, constitución y construcción, tienen un dinamismo idéntico, denominado epigenético, pero tienen diferente significado biológico. En el primer proceso se constituye y comienza a vivir el individuo y a lo largo del segundo se desarrolla.

En todo proceso vital epigenético el resultado es más que la suma de los componentes, porque la información contenida en los materiales de partida se retroalimenta con el proceso mismo. Aparece con el proceso una información nueva que se denomina información epigenética. Los materiales de partida se organizan en forma nueva y, para adquirir esa nueva configuración, es necesario que interactúen con componentes del medio.

Identidad biológica

En el centro de los fenómenos vitales está la transmisión de una información genética. Información que consiste en un orden (la secuencia de los nucleótidos del DNA) que, a su vez, crea estructuras orgánicas ordenadas, los RNA y proteínas que son funcionales. Todo viviente se origina a partir de la información genética heredada. Los gametos paterno y materno son los materiales de partida. Cada uno de los progenitores aporta, como material propio, una mitad no idéntica (uno de los componentes de los diversos pares de cromosomas) que juntas constituyen una versión completa del patrimonio genético heredado por el nuevo individuo de la especie.

La secuencia de sillares del DNA es el primer nivel de información; es el patrimonio o dotación genética de los individuos de cada una de las especies. Está presente en cada una de las células del organismo y no cambia a lo largo de la vida. El genoma heredado aporta la pertenencia a la especie y la identidad biológica del individuo. También en el ser humano. Y, por serlo, la identidad biológica es signo de la identidad personal. La estructura informativa heredada es como el precipitado material de la llamada creadora a ese ser humano en concreto. Y por ello el criterio para determinar la identidad de un ser humano es un criterio externo: la identidad del cuerpo como existencia continua en el espacio y el tiempo. El cuerpo “dice quién es”: la cara, gestos, hasta la forma de moverse, identifica al titular de ese cuerpo.

Trayectoria vital: principio unitario de cada viviente

A pesar de que la secuencia de nucleótidos del genoma heredado (el genotipo) no cambia a lo largo de la existencia del individuo, el soporte material de la información genética queda modificado por la interacción con el medio, a lo largo de su vida. La interacción de los componentes del medio, interno y externo al viviente, va cambiando constantemente y con ello a su vez el estado del viviente mismo, el fenotipo. Aparece una información con el proceso vital mismo que ordena temporal y espacialmente, al regula la expresión de la información genética. Es una información epigenética, información de segundo nivel, que no se hereda sino se genera en la constitución del individuo.

Gracias a esta información, o principio vital, la vida del viviente es una trayectoria unitaria y discontinua en el tiempo, con etapas en que se suceden de manera ordenada: cigoto, embrión, feto, neonato, joven, etc. Las células van diferenciándose y especializándose, ordenándose en tejidos y órganos, maduran y envejecen al tiempo que mantiene la información acerca de la propia historia . El conjunto individualizado es más que la suma de las partes; y precisamente porque todas las partes se integran armónicamente, cada organismo vivo tiene una vida propia, con un inicio, un desarrollo temporal en el que se completa, crece, se adapta a diversas circunstancias, se reproduce, envejece, a veces enferma, y necesariamente muere.

No basta, por tanto, la información del genoma inicial; para la formación, desarrollo y maduración de un organismo se requiere además la armonización unitaria de la emisión de su mensaje genético. La vida requiere un programa de desarrollo: una secuencia de mensajes ordenados en el tiempo y coordinados en el espacio orgánico, que permite la diferenciación armónica y sincronizada de las diversas partes del cuerpo. El programa no preexiste, ni existe, separadamente de los elementos informativos o genes, pero tampoco se identifica con ellos. Es el principio vital de cada viviente, que la biología clásica denominó alma.

Lo que se transmite de padres a hijos no es el principio vital, o el alma, sino la información genética contenida en los cromosomas de los gametos. El individuo concreto es inseparable de su desarrollo. En cada fase de su vida el fenotipo que adquiere es cambiante con el tiempo de desarrollo y maduración. Es decir en cada momento de la vida actualiza la plenitud de su ser biológico en esa etapa concreta. La auto-referencia (identidad) al material genético, recibido con la fecundación de los gametos de sus padres, aporta la conexión del cigoto con el embrión pre-implantatorio; y de éste con el término de la embriogénesis (el feto), y del feto con el término del desarrollo fetal (el nacido) y del nacido con el joven, y así sucesivamente.

Ninguno de esos estados de la vida posee diferente nivel de realidad ontológica. Es el mismo individuo el que existe en plenitud de vida embrionaria o fetal, joven o anciano. Cada estado es la actualización de las potencialidades específicas y propias de ese momento. La trayectoria vital es una continua actualización de potencialidades; en cada etapa se ponen de manifiesto las capacidades y operaciones que le corresponden como individuo de la especie.

[editar] La fecundación como periodo de constitución a cuerpo humano: el cigoto humano.

La fecundación es el proceso dinámico y temporal por el que cada individuo se constituye a partir de la materia aportada por los progenitores. La fecundación es un proceso epigenético. La información genética heredada se retroalimenta a lo largo de las horas que dura el proceso y el resultado, el cigoto, es más que la mera suma de la fusión de los gametos.

a)la fecundación se inicia con el reconocimiento específico y activación mutua de los gametos paterno y materno, maduros y en el medio adecuado. La zona en la que el espermatozoide alcanza al óvulo se produce una liberación de iones calcio que difunden como una onda hacia la zona opuesta. El gradiente de concentraciones es perpendicular al eje entre los polos animal y vegetal del óvulo y traza el eje dorso-ventral del embrión.

b)Antes del reconocimiento los gametos se encuentren en un estado de represión de la actividad genética, y cada uno tiene que ser capaz de desbloquear la represión del otro. Los cromosomas de los dos gametos se preparan y organizan de tal forma que el cigoto alcanzará una información genética propia. Los procesos que tienen lugar están regulados por los niveles de iones calcio alcanzados en la zona correspondiente.

El DNA que forma todos y cada uno de los cromosomas tiene unas marcas químicas (un patrón de modificación química por introducción de un grupo metilo en una de las cuatro bases, la citosina, que componen el DNA), que son diferentes en la herencia paterna y en la materna. El DNA de ambos progenitores cambia por metilación y desmetilación el patrón propio de la impronta parental hasta tener un patrón propio. Tras estos cambios se inicia la expresión del genoma propio del hijo Unas horas después de la fusión espermatozoide-óvulo comienza la síntesis de DNA en ambos pronúcleos. El pronúcleo paterno atrae al materno y se mezclan y organizan en una unidad desplazándose hacia el centro del cigoto. Mientras se aproximan, las membranas nucleares se desintegran y los cromosomas se mezclan, integran y se sitúan alineados, según un plano fijado por el polo heredado del óvulo y el punto de entrada del espermatozoide, preparados para la primera división celular del cigoto.

Los diversos componentes del interior celular se ordenan en una distribución asimétrica siguiendo el gradiente de concentraciones de iones calcio. Además, se fusionan fragmentos de diferentes tipos de membranas del espermatozoide y el óvulo para dar la membrana peculiar del cigoto mediante la modificación de la composición química de sus componentes.

La primera división celular puede ser considerada como el final de la fecundación y el comienzo del desarrollo embrionario. El cigoto: organismo o cuerpo en estado de una célula, a tiempo cero.

La célula con el fenotipo cigoto está dotada de una organización celular que la constituye en una realidad propia y diferente de la realidad de los gametos, o materiales biológicos de partida. Difiere de cualquier célula pues posee polaridad y asimetría ya que sus componentes se reordenan de tal forma que el tiene trazados los ejes que establecerán pasado el tiempo la estructura corporal, mostrando así que se ha constituido mediante un proceso de autoorganización del material biológico resultante de la fusión de los gametos paterno y materno. La señal que dirige la constitución del cigoto es el cambio del nivel del calcio en el citoplasma de la célula. Con ello se origina nueva información, o información epigenética, que se emite de forma armónicamente coordinada tanto espacial como temporalmente.

Su genoma posee el estado característico y propio de inicio de un programa de vida individual. El cigoto es la única realidad unicelular totipotente capaz de desarrollarse a organismo completo siguiendo la trayectoria vital generada. Es precisamente el estado cigoto, por poseer una organización polarizada y asimétrica de sus componentes, lo que permite un crecimiento como organismo. Es decir, son las divisiones asimétricas y la organización polarizada según un eje del viviente cigoto, lo que permite un crecimiento diferencial y ordenado en el que las multiplicaciones celulares se acompañan de diferenciación celular.

El cigoto posee más información que el genoma resultante de la mera fusión de los pronúcleos de los gametos de sus progenitores. En este sentido se afirma que tiene realidad de viviente de su especie; realidad que no se confunde con la de una célula viva en un medio que le permite crecer, ni con un conjunto de células vivas. El cigoto es pues un viviente con las características propias de su tiempo cero de vida. Es un cuerpo con los ejes corporales incoados, y no una a simple célula. Su genoma se ha formado y activado en la fecundación; se ha dado un encendido, una puesta en acto de la expresión de la información de los genes, que son el patrimonio del nuevo individuo.

[editar] Continuidad del desarrollo y adquisición de la forma corporal.

La dinámica temporal de la vida consiste en una continua creación de asimetrías. Si todas las células se mantuvieran iguales y uniformemente distribuidas no formarían un ser vivo, sino un conjunto de células sin unidad vital. El cigoto totipotente va dando origen a los diversos tipos de células madre (pluripotentes, a su vez capaces de madurar hacia diversas células madre multipotentes, éstas a otras progenitoras y, finalmente, a las diferenciadas de un tejido concreto), que se organización en estructuras espaciales, maduración y se almacenan en localizaciones precisas o nichos, denominadas células madre de adulto, que permanecen el resto de la vida en el organismo.

Este proceso se ordena jerárquicamente en el espacio y el tiempo, con un calendario natural de inicio y término. La distribución asimétrica de las células según los ejes cabeza-cola, dorso-ventral y derecha-izquierda da lugar a la forma corporal. En todas las etapas del desarrollo es imprescindible que las células madre reciban una señal, generada en una etapa anterior. Esa señal externa puede enviarse desde otra célula o proceder de un contacto célula-célula. En ambos casos hay una interacción de una molécula con un receptor de la membrana. La célula procesa la señal a través de interacciones moleculares y reacciones químicas ordenadas que originan la denominada vía de señalización. Para recibir e interpretar adecuadamente esa señal, la célula debe encontrarse en el estado que le corresponde (pluripotencial, multipotencial, progenitora o diferenciada) y, además, situarse en su nicho propio.

La interacción célula-célula en el nicho correspondiente activa los caminos de señalización intracelulares modificando el estado del genoma: informan a cada de las células de su identidad como parte de un todo bi-celular. La autoorganización asimétrica se mantiene a lo largo del desarrollo pre-implantatorio implicando interacciones específicas intercelulares, y con ello expresión de genes diferentes en las células en función de la posición que ocupan en el embrión temprano. El desarrollo es por tanto un crecimiento acompañado de diferenciación, gracias a la información epigenética que permite la trayectoria vital unitaria que hace del conjunto celular un organismo.

Día 1 de vida

Los paradigmas de la Embriología se han revolucionado al conocerse la asimetría del cigoto y la consecuente creación de un plano de división celular que organiza el embrión bi-celular, según ejes corporales.

De la primera división resultan dos células desiguales, y diferentes al cigoto, que constituyen el embrión en estado bi-celular y que seguirán caminos distintos en el desarrollo. Ambas se constituyen en una unidad orgánica al interaccionar específicamente entre sí, a través componentes moleculares de sus membranas. La interacción célula-célula da lugar a la activación de los caminos de señalización intracelulares modificando el estado del genoma y de esta manera informan a cada una de las dos células de su identidad como parte de un todo bi-celular.

Además, se determina ya el eje dorso-ventral del cuerpo; en este sentido se ha dicho que “guardamos memoria de nuestro primer día de vida”. El eje cabeza-cola, perpendicular al eje dorso-ventral, queda establecido en ese momento, a falta de determinar qué polo será rostral (de rostro) y cuál caudal (de cola). Esto sucede en la segunda semana y así se fija también el eje derecha-izquierda.

Día 2 de vida y periodo previo a la anidación

Las dos células que componen el embrión bi-celular tienen diferente concentración de calcio, molécula que regula la información genética y la velocidad de multiplicación celular. Por ello, la célula más rica en calcio se divide antes y genera el embrión tri-celular. Las células ricas en calcio son pluripotenciales, capaces de producir todos los tipos celulares en la medida en que forman parte del embrión. Esta capacidad procede de los genes específicos de la pluripotencialidad, que se activan por el calcio y ordenan a la célula mantenerse indiferenciada, sin definir aún en qué dirección madurar.

Por el contrario, las procedentes de la célula pobre en calcio comienzan a madurar por la acción propia de los genes específicos del tejido trofoblástico, una especie de recubrimiento o envoltorio del embrión.

En el día tres el embrión consta de ocho células: cuatro que son pluripotentes y cuatro que han comenzado su maduración. El día cuatro empieza a formarse en el embrión una cavidad que desplaza hacia un extremo las células pluripotentes que forman la masa celular interna.

El día cinco el embrión, ahora llamado blastocisto, se ha desarrollado gracias al diálogo molecular durante su recorrido por las Trompas de Falopio de la madre, en las que se ha engendrado, en dirección al útero. El blastocisto se compone de células madre embrionarias pluripotenciales, que forman la masa celular interna y de ellas derivan los más de 200 tipos de células maduras del cuerpo humano, y de células madre del trofoblasto, que se convierten en tejido extraembrionario.

La autoorganización asimétrica (inicialmente de dos células desiguales, después de tres y después de cuatro, también desiguales dos a dos) se mantiene a lo largo del desarrollo, previo a la implantación en el útero materno, al implicar interacciones específicas entre las células, y con ello expresión de genes diferentes en las células en función de la posición que ocupan en el embrión temprano. No es el embrión temprano, por tanto, un tejido homogéneo e indiferenciado sin individualidad propia, sino que incluso pueden distinguirse entre sí las células por marcadores específicos, que además señalan el destino que seguirá cada una. Las células poseen una historia espacial y temporal como células diferentes de un único organismo y se “saben” formando parte de un viviente concreto con un tiempo concreto de desarrollo. La trayectoria vital es epigenética, una continua actualización de potencialidades.

[editar] La existencia natural de gemelos idénticos no supone indefinición de la individualidad en el embrión temprano.

Cada individuo es uno en cuanto que su existencia sigue una trayectoria particular de expresión del mensaje genético. Y es único y diferente a cualquier otro no sólo por la combinación “única” de genes que hereda de sus progenitores, sino por las fluctuaciones propias de su trayectoria, que hace diferentes incluso a los gemelos con idéntico patrimonio genético.

Conocemos de manera inequívoca que en el cigoto hay un plano o mapa que hace que la organización del embrión está creada al inicio, antes de la implantación. Esto supone un cambio profundo en la idea del embrión, e invalida la duda acerca de que la existencia de gemelos idénticos suponga falta de individualidad del embrión en el periodo de tiempo previo a la implantación en el útero materno. Con frecuencia, la gemelación espontánea se consideró la falta de organización unitaria del embrión en su estado previo a la implantación. Tal carezca de carácter individual se ha usado para poner en tela de juicio el carácter de individuo de la especie humana del embrión de pocos días. Sin embargo, los datos actuales hacen muy difícil admitir que un organismo, que no es una masa informe de células, pueda partirse en dos.

La ciencia biológica tiene en ello la última palabra y la ha pronunciado con claridad y contundencia. La gemelación puede ser vista como la formación de dos cigotos de una misma fecundación y no como fisión en dos del embrión. El control del tiempo de la primera y segunda división del cigoto tiene mecanismos muy precisos, mediados especialmente por calcio. La primera división celular tiene dos relojes moleculares, lo que marca su diferencia de la simple división de cualquier otra célula. Por otra parte, se conoce que la frecuencia de gemelación ocurre en situaciones de bajo nivel de calcio en la madre. Este conjunto de datos permiten plantear un nuevo escenario a la gemelación natural a partir de una única fecundación.

Una ligera irregularidad en la difusión del ión calcio (inducida por factores maternos) alteraría la sincronización de dos procesos habitualmente sincronizados: división celular y organización intracelular polarizada que culminan con la adquisición del fenotipo cigoto. La división del óvulo durante el periodo de fecundación, y antes de que termine, daría lugar a dos células iguales entre sí, e iguales al óvulo en fecundación. Si la célula híbrida, producto de la fusión de los gametos, se dividiera antes de haberse polarizado plenamente, las dos células resultantes no serian dos blastómeros desiguales que constituyen un embrión bi-celular. Por el contrario, son dos células iguales derivadas del óvulo en fecundación. Si cada una de ellas continúa el proceso fecundante y alcanza el fenotipo cigoto polarizado, una sola fecundación habría dado lugar a dos cigotos idénticos. En todo caso, si los gemelos se generasen a partir de un solo embrión, el proceso no consistiría en la simple partición de un individuo en ‘mitades’, o ‘cuartos’. La existencia de ejes que organizan el conjunto de células derivadas de la multiplicación del cigoto no permite referirse a una fisión del embrión, como si se tratara de una realidad biológica simétrica y homogénea. Es decir, aún en el caso de que de un embrión se separaran alguna/as células, este material celular sería el material de partida que se constituye en célula totipotente: un nuevo cigoto que iniciara una nueva y diferente trayectoria vital unitaria.

[editar] Relación con la madre en las primeras semanas de vida y autonomía del embrión

Desde el primer día de vida se desarrolla un diálogo molecular entre el embrión y la madre. Se inicia con la liberación de moléculas de interleuquina (IL-1) por el embrión que reciben los receptores específicos de las Trompas uterinas. Como repuesta, las Trompas producen varias sustancias.

Los llamados factores de crecimiento (CSF-1, LIF), que permiten el desarrollo embrionario.

Los conocidos como factores de supervivencia (inhibidores de la apoptosis o muerte celular programada), que inyectan la vitalidad que el embrión necesita porque, durante los 5 primeros días, no dispone de más energía que la guardada en el óvulo. Moléculas de superficie, complementarias de las del embrión que permiten rotar a lo largo del recorrido y le indican el lugar donde debe detenerse para anidar.

Tras este primer diálogo molecular, hay tres momentos de especial intensidad en la comunicación materno-filial por el contacto directo, que ya no es de células, sino de tejidos: a) En los días 6-7, el blastocisto se introduce en el epitelio uterino (superficie interna del útero), donde inicia la anidación. Por tanto, se produce un contacto físico directo entre tejidos; b) Durante los días 7 al 9 el embrión penetra en el endometrio uterino y libera sangre de vasos capilares de la madre para recibir la energía necesaria mientras no disponga de sangre propia. La autonomía de disponer de sistema circulatorio propio se alcanza en la tercera semana. c) A partir del día 15 se organiza el sistema circulatorio, gracias al flujo de sangre materna que llega a través de la placenta.

A su vez, desde el inicio, se establece un diálogo molecular que convierte al sistema inmunológico materno en tolerante hacia el embrión. Este proceso biológico natural, por el que las defensas de la madre contra lo extraño se desactivan, se inicia en el embrión. La tolerancia inmunológica tiene lugar a través de una red de sustancias que liberan y actúan localmente y silencian todas las células maternas que generarían el natural rechazo hacia lo extraño: las células denominadas “asesinas naturales” (NK o natural killers); los linfocitos T, tóxicos para las células extrañas; y los linfocitos B, que producen los anticuerpos de rechazo.

Aunque el embrión, 50% materno y 50% paterno, resulta extraño a la madre, la atmósfera de tolerancia inmunológica creada en el diálogo molecular hace que la madre perciba al embrión como algo no propio y, sin embargo, sin señales de peligro que activarían las defensas. La inducción de tolerancia inmunológica en la madre hace de la gestación una simbiosis de dos vidas: el embrión no es una parte de la madre ni tampoco un injerto, que sería rechazado de forma natural por ser algo extraño que conlleva peligro. Por tanto, la dependencia de la relación con la madre no supone carencia de autonomía como individuo. La gestación aporta, a manera de nicho, las señales moleculares y celulares necesarias para las etapas del desarrollo del embrión. La relación con el medio difiere en las diversas etapas de la vida del individuo sin que suponga diferencia de entidad ontológica.

[editar] Etapa post-anidación: las primeras semanas de vida

Mientras anida a lo largo de la segunda semana, el embrión se estructura en dos capas de células y genera nuevas células madre. En el día ocho las células que forman la masa interna celular del blastocisto se transforman en una capa (epiblasto) que será el dorso del embrión. Son células madre pluripotenciales en un estado más diferenciado que las embrionarias. En el epiblasto ya está definido el eje rostral-caudal (rostro-cola). Las células que limitan esa masa interna celular forman la segunda capa (hipoblasto) y son las células madre del hipoblasto, progenitoras de estructuras extraembrionarias, como el saco vitelino que se establece el día diez.

El día 15 concluye la evolución del embrión de dos a tres capas y pasa a denominarse gástrula. Es el proceso conocido como gastrulación: un masivo movimiento de células que comienza cuando las situadas en la región caudal del epiblasto se desligan y descienden hacia el hipoblasto a través de una estructura provisional conocida como línea o estría primitiva. Las células que no pasan por la estría constituyen una de las tres capas del embrión, el ectodermo. Otra capa, llamada endodermo, se forma con las células que descienden por la estría primitiva y quedan en el fondo. Entre una capa y otra se ubican las células restantes y constituyen el mesodermo.

Esta estructura de 3 capas ordena el desarrollo completo del organismo. Como consecuencia de los mencionados movimientos que las desplazan, las células se ubican en áreas específicas de las diferentes capas. Su localización les permite interaccionar con las otras células que siguieron diferente trayectoria. Estos contactos provocan transformaciones que les convierten en células madre precursoras de todos los órganos, tejidos y sistemas del cuerpo. Este proceso se conoce como inducción embrionaria. Salvo excepciones, las células madre de las tres capas son multipotentes. La multipotencialidad es la capacidad de una célula madre de diferenciarse a las células de órganos o tejidos, pero sólo los correspondientes a una capa.

Hay constancia de que 16 días después de la fecundación comienzan a formarse los vasos, la sangre, y las células neuronales. La capa más dorsal del embrión, el ectodermo, forma un pliegue (placa neural) que crece hacia los extremos caudal y rostral. El extremo rostral se denomina cresta. El día 22 se cierra ese pliegue y da lugar al tubo neural, que es un esbozo del cerebro y la médula espinal. Las células madre de la cresta neural, llamadas neuroepiteliares, se desprenden y se diferencian según el sitio al que hayan migrado. Las de la región más anterior o rostral son las células madre neurales y constituyen la base celular, tanto para el desarrollo del cerebro como para la neurogénesis en la vida adulta.

Entre los días 15 a 17 comienzan a formarse la sangre y los vasos sanguíneos. Las células precursoras de la sangre y los vasos surgen de un mismo tipo de células madre del mesodermo (hemangioblastos), que se agrupan y forman islotes sanguíneos en el saco vitelino. Esta agrupación celular se organiza en dos capas concéntricas. Las células de la capa exterior (angioblastos) se transforman en la pared de los vasos capilares. Las de la capa interior (hemocitoblastos) son precursoras de las células sanguíneas. Se inicia así una primera circulación sanguínea propia del embrión.

Y hacia el 21 aparece el esbozo cardiaco (corazón) como centro motor de la circulación sanguínea y se produce el primer latido. El día 18 las células (cardiomiocitos) proceden de las células madre llamadas progenitor cardiaco, se estructuran en las miofibrillas del músculo cardiaco.

En ese momento, el esbozo cardiaco se sitúa en la zona anterior de la cabeza y comienza a descender hacia el tórax. En el camino induce a un área del endodermo a convertirse en hígado que, sólo inicialmente, desempeña una función hematopoyética y colabora, de forma provisional, en el sistema circulatorio. El páncreas deriva de la región anterior del endodermo intestinal cercano a la región en la que se origina el hígado. Sin embargo, su formación se retrasa hasta la aparición de las señales moleculares correspondientes (ácido retinoico entre otras), que hacen aparecer la proteína reguladora (Pdx1) imprescindible para que el proceso avance. Más tarde aparece la proteína Ngn3 en el epitelio del páncreas y posibilita el desarrollo de los progenitores de las células productoras de las hormonas insulina y glucagón.

La lógica de la trayectoria unitaria de cada individuo conlleva que se formen en primer lugar los sistemas que como el nervioso y el circulatorio cumplen funciones de integración de las partes. La aparición de la línea primitiva, o de la cresta neural de la que derivan las células del cerebro no supone un hito especial que cambie la realidad ontológica del individuo. Cuando se estructure el cerebro y madure siguiendo el proceso epigenético de la trayectoria vital de ese individuo se actualizaran las potencialidades correspondientes y se pondrá de manifiesto las manifestaciones propias de los circuitos neuronales, de igual forma que cuando los pulmones estén constituidos y maduros podrán comenzar a ejercer su función respiratoria.

[editar] Carácter personal del cuerpo humano

Por ultimo, y de manera resumida, nos planteamos la cuestión de qué hace humano el cuerpo del hombre, centrando la atención en la maduración plástica del cerebro.Los estudios acerca de los genomas humano y de chimpancé han permitido conocer las innovaciones informativas de los individuos de la especie Homo sapiens, que han hecho posible la aparición de las características morfológicas y fisiológicas propias del cuerpo del hombre.

El cuerpo del hombre muestra rasgos morfológicos y funcionales muy peculiares. De especial interés es el hecho de que la criatura humana nace siempre en un parto prematuro, sin acabar, y necesitada de un acabado con las relaciones familiares. Es llamativo que no poseen muchos más genes que sus antecesores, si bien ese mayor número de unidades de información sirven fundamentalmente para un desarrollo muy complejo del cerebro.

Los animales superiores poseen una operatividad intensa: tendencias, modos de comportamiento, etc. que están ligados y son paralelos al desarrollo y maduración de su sistema nervioso. La información heredada aporta al animal una disposición a aprender a vivir y les capacita para adquirir un conocimiento y dar respuestas instintivas: respuestas o modos de comportamiento que son automatismos dirigidos desde la unidad funcional. Son capaces de procesar información que les llega de fuera. Sin embargo, el animal está encerrado en el espacio vital de su nicho ecológico, puesto que los estímulos -desencadenantes de una respuesta en tanto tienen significación biológica-, provocan comportamientos que son específicos de la especie. En el entorno propio de la especie tiene la vida resuelta, por estar perfectamente adaptado, o especializado, a vivir en ese medio ambiente. Toda la zoología muestra un vivir del animal con un dinamismo cerrado en el automatismo de las leyes biológicas que a su vez le encierra en su nicho ecológico. La biología dicta la vida a todo animal no-humano.

Por el contrario, la conducta humana no está estrictamente sometido a las condiciones materiales, por lo que es capaz de operaciones no determinadas por las condiciones previas: A) No tiene un conjunto fijo de estímulos, sino que puede interesarse por cosas que incluso no existen. B) Una vez captado el estímulo, puede reaccionar a él de formas diversas, no determinadas biológicamente, a veces culturales y a veces “contraculturales”, e incluso no reaccionar en absoluto. C) No se pone automáticamente en marcha, cuando se dan acontecimientos biológicamente significativos; o, si se pone, puede liberarse de ese automatismo. La conducta humana no es instintiva y automática aún en las tendencias naturales más pegadas a la vida biológica. Es capaz de técnica, educación y cultura, con lo que soluciona los problemas vitales que la biología no le resuelve.

En el hombre las relaciones personales (inconscientes al principio de su vida, y de modo consciente, responsable y en relación interpersonal después) dejan huella en él. Y a su vez, las facultades específicamente humanas como el habla, el conocimiento intelectual, la voluntad y la capacidad de amar, son facultades no ligadas directamente a un órgano, ya que están abiertas a desarrollarse mediante hábitos y no por el simple desarrollo corporal. En efecto, los hombres no están nunca terminados. Las facultades propiamente humanas no están plenamente programadas por su biología, sino que cada uno se determina personalmente. Esa apertura, o capacidad de relación, es un elemento nuevo, no presente en los animales. No termina su crecer y además es un crecer no paralelo a la curva natural de la vida en tanto que está abierto a incorporar a la emisión del programa la información que procede de su capacidad de relación.

Por ello, el cuerpo de cada hombre manifiesta un plus de complejidad al estar abierto a más posibilidades que las que la biología ofrece, a pesar de que su patrimonio genético posee muy pocos genes nuevos con respecto a los animales más próximos. El hombre es más con menos genes. No se trata, por tanto, de que posea más información genética en su genoma, sino que el principio vital de cada uno está potenciado dando lugar a ese plus indetermina la vida biológica convirtiéndola en biografía personal. El fin de cada hombre no está biológicamente dado y por ello el ser personal no está sumergido en el automatismo de los procesos fisiológicos.

En cada hombre concurren en la unidad de su principio vital dos dinamismos constituyentes distintos: el propio de su naturaleza biológica, y el propio de su libertad personal que hace de la vida una tarea abierta y por tanto una empresa moral. Es, por tanto, inherente y originante. No es, sin más, información, sino que indetermina la información de cada viviente humano. Es refuerzo de la información genética de cada viviente humano. Lo específico humano es por tanto inherente, ligado a la vida recibida de sus progenitores y no mera información que emerge del desarrollo sino que comunica libertad al principio de vida transmitido por sus padres con la constitución misma del patrimonio genético.

La ciencia biológica no puede dar razón de por qué cada hombre es un viviente libre, ni del origen de esa capacidad. No obstante, la biología aporta un conocimiento de gran riqueza: el principio vital único de cada hombre está intrínsecamente potenciado por la capacidad de relación personal que posee. El carácter personal, se manifiesta como liberación del encierro o aperturas liberadoras del automatismo en el ciclo vital intereses-conducta, que le permiten abrirse más allá del nicho ecológico. Con independencia de las creencias religiosas, la biología humana, como ciencia, reconoce la presencia en los individuos de la especie Homo sapiens de un dinamismo vital abierto y desprogramado y propio de los individuos de esa especie. Las notas descritas por la biología que describen el carácter de persona, y con ello el fundamento de la dignidad humana, no es otorgado por las acciones del sujeto, sino que es algo previo a éstas.

La dimensión corporal, abierta y relacional, que es precisamente el elemento constitutivo de la personalidad humana, es signo de la presencia de la persona y no causa. Esa apertura del vivir de cada hombre y esas características corporales que lo posibilitan son los presupuestos biológicos, y no las causas de la libertad. Porque es libre puede liberarse del automatismo cerrado de la biología.

Podemos concluir que el cigoto humano es persona porque es un cuerpo de hombre. En la concepción de cada cigoto el principio de vida generado desde la dotación genética heredada de los padres queda liberado del automatismo biológico. Obviamente, las manifestaciones de la persona sólo pueden hacerse explícitas a un determinado y gradual nivel de desarrollo y maduración corporal. Pero cada cigoto humano se desarrolla como hombre y no a hombre.


* Lo que aporta la ciencia al carácter personal del embrión

[editar] Bibliografía

"Los quince primeros días de una vida humana". N. López-Moratalla y M.J. Iraburu Elizalde. EUNSA. 2ª edición, 2006.

“La dinámica de la evolución humana. Más con menos”. N. López-Moratalla. EUNSA, 2007.

"Cerebro de mujer y cerebro de varón" N. López-Moratalla. RIALP, 2007

“Comunicación materno –filial en el embarazo. Vinculo de apego”. N. López-Moratalla. EUNSA, 2008

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