Últimas corrientes

De Seminario Gerardo González

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Aludamos ahora a nuestra época histórica para escrutar qué se piensa actualmente acerca del hombre. Lo característico de nuestro tiempo parece ser la complejidad . Contamos, además, con un peligro añadido: si se pretende filosóficamente desentrañar nuestro bien intrincado mundo humano y se ofrecen solu-ciones parciales, seguramente se provocarán disfunciones, es decir, nuevos pro-blemas. Tal vez a ello se deba la idea de que del hombre se tiene, que es la de un ser problemático, porque ahora se asume como empeño imposible describir al hombre tal cual se le concebía antaño, a saber, por su vinculación con la felicidad. Agravantes de la esta situación son que, desdichadamente, algunos pensadores han aceptado el sincretismo, un intento de evitar los reduccionismos recombinan-do diversos factores (aunque algunos de ellos sean inaunables). Otros ha habido que no parecen haberse preocupado demasiado de armonizar las diversas posiciones. Se trata del eclecticismo , que no resulta ser una actitud filosófica muy estimulante. También se suele denunciar que se han dado otros filósofos que se han centrado en exceso en la reedición de anteriores sistemas sin añadir más que co-mentarios marginales, mejoras metodológicas en la edición crítica de los libros, proliferación de congresos, simposios, etc., (eso parece haber sucedido tanto con corrientes modernas, como con clásicas). Las tendencias que han intentado una vuelta a la inspiración de los clásicos para evitar los reduccionismos al uso fueron, entre otros, el neoaristotelismo (Bolzano, Trendelenburg, Brentano , etc.) y la neoescolástica, llamada reductivamente a veces neotomismo (Mercier , Gilson , Nédoncelle , Maritain , Fabro , Pieper , etc.).

Atendamos, pues, a continuación a esos dos perfiles, divergentes en antropología, propios del s. XX: uno que intentó solucionar el problema del racionalismo y voluntarismo por elevación, preguntándose por la radicalidad de la persona humana, el existencialismo; y otro, con muchas variantes, que desistiendo de solucionar el problema del sentido de la persona (agravado por algunos existencialistas), ha optado por colocar lo distintivo humano en alguna instancia humana menor. Ambas han sido previas al intento de abdicar de buscar cualquier sentido de fondo en lo humano, que ha caracterizado a lo que se ha venido a llamar post-modernidad a fines del s. XX y principios del XXI. Atendamos a ellas.

Como se ha indicado, una de las corrientes de pensamiento más características del s. XX ha sido el existencialismo . Es sabido que éste movimiento admitió diversas variantes: la cristiana (Jaspers , Marcel ), la acristiana (Hei-degger ), e incluso la atea (Sartre ). Todos sus representantes tienen a su favor centrar la atención en la persona humana, no directamente en sus potencias o en las acciones humanas. Pese a este indudable acierto, el método cognoscitivo que emplean para alcanzar la realidad personal no parece haber sido del adecuado. En efecto, al notar que la razón humana por medio del conocimiento objetivo se en-cuentra con un escollo insuperable en orden a conocer a la persona, y es que la razón, formando ideas, no puede conocer a la persona como ésta es, puesto que ella no es una idea. Al notar este escollo, algunos pensadores propusieron distinguir entre conocimiento objetivo y conocimiento subjetivo. Con todo, no aciertan a describir ajustadamente la índole de este segundo modo de conocer, ni a exponer su altura cognoscitiva. En efecto, en sus escritos filosóficos la deficiencia en teoría del conocimiento es bastante manifiesta. En cualquier caso, abierta o implíci-tamente siguen considerando que la razón es la instancia cognoscitiva humana más alta (deuda de la filosofía moderna), pero como ésta es inferior a la persona y no es persona, difícilmente podrá dar razón de ella. Por eso acierta quien denuncia que en muchos de esos planteamientos el sentido de la persona humana deviene problemático. Por otra parte, los pensadores que han intentado poner lo distintivo humano, no en la persona, sino en otras instancias humanas menores, han admitido planteamientos antropológicos muy dispares. Por ejemplo:

a) El neomarxismo , tanto el ortodoxo (Plejanov, Rosa Luxemburg, Lenin, Stalin, Althusser, etc.), que destaca del hombre su corporeidad y el trabajo productivo (de modo parejo al evolucionismo), como el revisionista (Bernstein, Adler , Lukács, Korsch, Bloch, Gramsci, etc.), que hace hincapié en la dimensión humana social, cultural, etc. Frente a estas tendencias, expondremos más adelante que la persona humana no se reduce ni a su cuerpo ni al hacer, ni a sus dimensiones sociales.

b) La Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, etc.), que parece mantener una visión del hombre, unas veces de corte materialista; otras, social, etc. Sobre esta tendencia valdrá una crítica similar a la corriente precedente.

c) Las sociologías (Durkheim, Weber, Simmel, Parsons, Luhmann, etc.), que abordaron con más o menos acierto, el estudio de las manifestaciones humanas de ámbito social, aun-que, como es claro, no directamente el núcleo personal. Por eso, sólo con la exposición de la IVª Parte de este Curso será suficiente para mantener la distancia res-pecto esos planteamientos. Dedicaremos también una Lección (en concreto la 9) a desvelar que la persona es irreductible a lo social.

d) El estructuralismo (Levi–Strauss , Foucault , Saussure, Lacan, Piaget, etc.), del que se suele denunciar un objetivismo en el que la persona no parece ser tenida suficientemente en cuenta. Como muchos de sus representantes resaltan el lenguaje humano, nos distanciaremos de sus tesis al tratar de este tema en el Capítulo 10.

e) Las escuelas psicológicas tales como la Escuela de la Gestalt o psicología de la forma, la Escuela de Würzburgo, la Escuela de Berlín, el psicoanálisis, el conductismo o behaviorismo, (Watson , Skinner, etc.), es decir, diversas variantes psicológicas del s. XX con método experimental, y precisamente por ello, al margen del descubrimiento de la intimidad personal. Aludiremos también a ellas en la Lección 3 para marcar las diferencias entre nuestro enfoque antropológico y el que mantiene la psicología.

A pesar de su profusión, no han sido las que preceden las únicas tenden-cias filosóficas del s. XX que han tenido como tema de estudio al hombre (aunque, como se ha dicho, no lo hayan abordado de modo directo, y de entre las que lo han hecho, no han atendido de ordinario a su núcleo). Aludamos a otras:

g) La filosofía analítica , (Frege, Moore, Wittgenstein , Russell, el Círculo de Viena, el Círculo de Berlín, la Escuela de Oxford, proponían al lenguaje como la clave de comprender al hombre. Para ellos el hombre es un animal lingüístico. Suelen sostener que pensamiento y lenguaje se funden, y algunos incluso que aquello de lo que no se puede hablar no existe. Pero, como veremos, si es manifiesto que el pensar no se reduce al hablar, menos aún la persona al lenguaje.

h) En otro orden de cosas, los científicos (Poincaré, Bohr, Planck, Einstein, Heisenberg, Werner, Schrödinger, Erwin, etc.), sostuvieron opiniones contrapuestras respecto de la espiritualidad humana y también respecto de Dios. De semejante enfoque fueron los filósofos de la ciencia (Duhem, Meyerson, Bachelard, Bridgman, Popper, Kuhn, Lakatos, Feyerabend, etc.). Sin embargo, no vamos a detenernos a discutir sus opiniones sobre el hombre, porque ni éste fue su tema central, ni el nuestro ahora la ciencia experimental, aunque algún dato bibliográfico se puede ofrecer .

i) Por su parte, el pragmatismo (Peirce , James, Dewey, Meed, Putnam, etc.), ha cifrado lo central del hombre en la acción humana. Pero es claro que el ser del hombre no se reduce a su obrar, como tendremos ocasión de explicar paciente-mente a lo largo del Curso. Con el precedente muestreo de corrientes filosóficas el lector se habrá reafirmado en la tesis que se sostenía al principio del presente epígrafe, a saber, que lo que parece caracterizar a nuestro tiempo es, precisamente, la complejidad. No es extraño, pues, que frente a esta incapacidad de dotar sentido a lo humano, aflore en nuestros días la actitud de renuncia al sentido.

Efectivamente, esa abdicación de búsqueda de significado recibe en nuestros días el nombre de postmodernidad , (Rorty, Derrida, Lyotard, Deleuze, Vattimo, etc.). Con este vocablo se indica hoy el estar de vuelta de lo moderno y contemporáneo (racionalismos, voluntarismos, etc.). La concepción de la persona humana en este movimiento a veces parece de angustia; otras, de incertidumbre, de antihéroe y antivalor; en algunas ocasiones es pesimista. En algunos de sus representantes hay una negación explícita del sujeto. Según esto, la existencia parece de nuevo problemática . Afín a esa pérdida de sentido, tampoco faltan hoy nihilismos más o menos inspirados en Nietzsche, que rechazan todo fun-damento y verdad objetiva, no sólo respecto del hombre, sino también respecto de la realidad entera. Pero “una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente” . Además, sin verdad y libertad, la felicidad humana se esfuma.

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